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Sobre este recurso
«Se lo digo mil veces y como si nada» es de las frases que más escucho de familias y profes de niños con TDAH. Y casi nunca es un tema de obediencia: la instrucción, tal como se la dimos, no le llegó entera. Esta guía recoge siete claves para dar instrucciones que de verdad lleguen, ajustando cómo hablamos a cómo procesa el niño: mirada antes que palabra, una orden cada vez, trocear las tareas, apoyarse en lo visual, reducir el ruido. Y abre los ojos a algo que suele pasar desapercibido durante años: que detrás de un TDAH hay con frecuencia un componente de lenguaje y lectoescritura que conviene valorar. Mejora cómo le hablamos; no entrena la atención ni reeduca el lenguaje. El TDAH lo diagnostica y lo sigue el equipo médico; el componente de lenguaje se valora en logopedia.
Qué incluye
- Siete claves para dar instrucciones que lleguen de verdad
- El porqué de «no es que no escuche, es cómo le llega»
- La relación entre TDAH, lenguaje y lectoescritura que suele pasar desapercibida
- Cuándo conviene una valoración logopédica más allá del «se distrae»
¿Para quién es?
- Familias de niños con TDAH agotadas de repetir las cosas mil veces
- Docentes que quieren que sus instrucciones lleguen mejor en clase
- Familias que sospechan que detrás del TDAH hay un tema de lenguaje o lectura
- Familias con diagnóstico reciente que buscan estrategias prácticas
Preguntas frecuentes
¿Por qué se lo digo mil veces y no hace caso?
No suele ser desobediencia: las instrucciones largas se le caen por el camino. Dadas de una en una y con mirada previa, llegan mucho mejor.
¿El TDAH afecta al lenguaje y a la lectura?
En muchos niños sí, aunque no en todos. Como el foco va a la atención, esa parte suele pasar desapercibida y conviene valorarla.
¿Es para logopeda o para otro especialista?
El TDAH lo diagnostica y sigue el equipo médico. El componente de lenguaje y lectoescritura es lo que se valora y se trabaja en logopedia.
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Solicitar acceso gratuitoPor qué una instrucción no siempre llega
«Se lo digo mil veces y como si nada.» Lo escucho casi a diario de familias y de profes, y casi nunca describe un problema de obediencia. Describe una instrucción que se cayó por el camino: un niño con TDAH puede oír perfectamente y aun así perder el hilo de una orden larga, quedarse con la primera mitad o despistarse antes de terminarla.
La buena noticia es que esto se cambia desde nuestro lado. Ajustando muy poco cómo hablamos —la mirada antes que la palabra, una orden cada vez, trocear lo grande en pasos, apoyarse en lo visual— las instrucciones llegan muchísimo mejor. Esta guía recoge siete claves de ese estilo, todas pensadas para reducir la carga que la instrucción le pide a la memoria.
Lo que casi nadie mira: TDAH y lenguaje
La parte que más me importa que te lleves no va de atención. En muchos niños con TDAH hay además dificultades de lenguaje —organizar lo que quieren decir, seguir instrucciones largas, narrar ordenado— y de lectoescritura. Y como todo el foco se lo lleva el «se distrae», ese componente pasa desapercibido durante años.
Es frecuente, aunque no universal: por eso no doy cifras, doy un aviso. Si tu hijo o tu alumno con TDAH, además de distraerse, tiene dificultades para entender, hablar, leer o escribir, no lo des por hecho como parte del «es muy movido». Ahí ayuda una valoración del TDAH y el lenguaje, y si lo que falla es leer y escribir, de la relación entre TDAH y lectoescritura. Mirarlo a tiempo le quita mochila al niño.