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Hipoacusia

Disminución de la capacidad auditiva, conocida popularmente como sordera. Afecta al desarrollo del lenguaje cuando aparece en la infancia y a la comunicación a cualquier edad.

Revisado por
Revisado por Jessica Piñeira Díaz · Logopeda titulada
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Referencia clínica
Ref: CIE-11 AB30

Qué es la hipoacusia

La hipoacusia es la disminución de la capacidad auditiva en uno o ambos oídos. Popularmente se la conoce como sordera, aunque en el ámbito clínico se reserva el término “sordera” para hipoacusias profundas, y se usa “hipoacusia” como término general para cualquier grado de pérdida auditiva.

La hipoacusia no es un único cuadro, sino un conjunto de situaciones muy distintas según tres variables clave:

  • Tipo (dónde se produce la pérdida).
  • Grado (cuánto se ha perdido).
  • Momento de aparición (a qué edad aparece y, si es en la infancia, antes o después del desarrollo del lenguaje oral).

Tipos

Según el lugar donde se produce la pérdida:

  • Hipoacusia conductiva: afectación del oído externo o medio (tapón de cerumen, otitis, alteraciones de la cadena osicular). A menudo es reversible con tratamiento médico o quirúrgico.
  • Hipoacusia neurosensorial: afectación de la cóclea o del nervio auditivo. Suele ser permanente. La presbiacusia (hipoacusia asociada a la edad) es su forma más frecuente en adultos.
  • Hipoacusia mixta: combinación de los dos tipos anteriores.

Grado

Según la pérdida medida en decibelios:

  • Leve (21-40 dB): dificultad en ambientes ruidosos o con voz baja.
  • Moderada (41-70 dB): dificultad en conversación normal.
  • Severa (71-90 dB): necesidad de audífonos, posibles limitaciones para adquirir lenguaje oral en la infancia sin ayudas.
  • Profunda (>90 dB): se beneficia habitualmente de implante coclear cuando procede.

Momento de aparición

En la infancia se distingue:

  • Prelocutiva: aparece antes del desarrollo del lenguaje oral. Requiere detección y ayudas técnicas precoces (audífonos, implante coclear) y logopedia para evitar un retraso importante del lenguaje.
  • Perilocutiva: coincide con la etapa de adquisición del lenguaje.
  • Postlocutiva: aparece después de que el niño ya ha desarrollado lenguaje. Plantea retos distintos: preservar y adaptar la comunicación ya adquirida.

En adultos, el escenario más frecuente es la presbiacusia, hipoacusia neurosensorial progresiva asociada al envejecimiento, y las hipoacusias inducidas por ruido en determinadas profesiones.

Impacto en el lenguaje y la comunicación

En la infancia, una hipoacusia no detectada o no tratada es causa habitual de retraso del lenguaje, errores articulatorios (dislalia audiógena), dificultades de aprendizaje y problemas de socialización. Por eso existen los cribados auditivos neonatales: permiten detectar hipoacusias graves en los primeros días de vida y actuar precozmente.

En adultos, el impacto combina la dificultad comunicativa (especialmente en ambientes ruidosos), la carga cognitiva adicional al esforzarse por oír, y un riesgo mayor de aislamiento social que se ha relacionado con impacto sobre la salud cognitiva en personas mayores.

Causas

Los factores más frecuentes son las hipoacusias genéticas y síndromes con afectación auditiva, las infecciones prenatales o perinatales (citomegalovirus, rubéola, meningitis), la prematuridad y factores de riesgo neonatales, las otitis recurrentes (que suelen causar hipoacusia conductiva transitoria), la exposición prolongada a ruido laboral o lúdico, y el envejecimiento fisiológico.

En la CIE-11, las hipoacusias se codifican bajo AB30 y subtipos, dentro del capítulo de enfermedades del oído.

Abordaje logopédico (visión general)

El papel de la logopedia en hipoacusia es clave en varios momentos: estimulación del lenguaje en niños con hipoacusia detectada tempranamente, adaptación al audífono o al implante coclear (discriminación auditiva, identificación de sonidos, reeducación del habla), entrenamiento auditivo en adultos con pérdida reciente, y acompañamiento en las estrategias comunicativas para el entorno familiar y laboral.

Cuando el acceso auditivo no es suficiente, la logopedia también valora y acompaña el uso de lengua de signos o de sistemas bimodales según las preferencias y el contexto de la persona.

Cuándo consultar

En niños, cualquier retraso del lenguaje, respuestas inconsistentes a sonidos ambientales o antecedentes de otitis recurrentes justifican valorar la audición. En adultos, la sensación mantenida de que “los demás hablan bajo”, la necesidad de subir el volumen del televisor o la dificultad para conversar en grupo son motivos claros para una exploración auditiva. El diagnóstico y la adaptación audiológica corresponden al otorrinolaringólogo y al audiólogo; la logopedia interviene en el uso funcional de esa audición para comunicarse.

Señales para observar

  • Pedir con frecuencia que le repitan lo dicho
  • Subir el volumen de televisión, radio o dispositivos
  • Dificultad para entender en entornos con ruido
  • Retraso o atipicidad en el desarrollo del lenguaje (en niños)
  • Aislamiento social progresivo por esfuerzo comunicativo
  • Acúfenos (zumbidos en los oídos) asociados en algunos casos

Situaciones asociadas

  • Hipoacusias genéticas y síndromes con afectación auditiva
  • Infecciones prenatales o perinatales (citomegalovirus, meningitis)
  • Prematuridad y factores de riesgo neonatales
  • Otitis recurrentes (hipoacusias transitorias en la infancia)
  • Exposición prolongada a ruido (presbiacusia por ruido)
  • Envejecimiento fisiológico (presbiacusia)

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